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Vampiros en la niebla

09.06.2006
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Un pinchazo en la vena me puede deparar multitud de aventuras, puedo pasar de la niebla transitable a sol más cegador.

Esta semana he ido al reconocimiento médico. Nada fuera de lo normal, a falta de los resultados de la analítica, pero a mí eso de que me claven agujas…

La noche anterior había planeado ir por el tren de cercanías que tiene una parada muy cerca de la clínica, pero contra todo pronostico por la mañana al levantarme decidí ir por el metro. No se si por empezar a complicarme el día o para ponerme obstáculos. Salgo de casa a las 7.45 de la mañana.

Entro en el metro, me quedan unas 8 estaciones. Ya desde la segunda empieza a subir la temperatura de una forma alarmante y me preocupa sudar como un pollo y debilitarme, ya que para la analítica es necesario ir en ayunas.
Afortunadamente el vagón iba a media carga o un poco menos y el calor era soportable, aunque agobiante. 30 graditos fijo que teníamos. Todo un detalle del metro no poner el aire acondicionado, no sea que pillemos una pulmonía. Al fin llegó la liberación y escapé hacia la calle en busca de aire fresco. Son las 8.30 de la mañana, he tardado más de lo previsto, a esta hora debería estar ya en el reconocimiento.

En la salida del metro cruzan dos avenidas y la clínica estaba muy cerquita. Paso delante de tres repartidores de los diarios gratuitos, no gracias, no gracias, no gracias, ya había leído uno en el trayecto. Bajo la calle y llego al número que buscaba pero no veo por ningún sitio la clínica. No puede ser, si es aquí. La acera de enfrente no me daba más pistas. Sigo avanzando, no, me paro, retrocedo unos pasos, no, me paro, avanzo de nuevo, no, me giro, no…, una mujer pasa a mi altura y me mira extrañamente ante mi indecisión de movimientos.
Venga, va a ser la acera de enfrente, retrocedo hasta el paso de peatones más cercano y cruzo. Después de inspeccionar un poco ese lado tampoco creo que encuentre el sitio. Veo una calle peatonal y entro en ella decidido a encontrar lo que busco. Seguro que es aquí. Pues no, esta es otra calle y no pertenece a la avenida. A ver majete, vamos a empezar de nuevo que esto tiene que ser muy simple. ¿Donde leches estoy? miro en la esquina el letrero de la calle y efectivamente estaba en una avenida, pero no en la que yo buscaba. Bien, majete, estas sembrao, he perdido 15 minutos dando tumbos.

Retrocedo de nuevo hacia el metro, produciéndose una situación extraña ya que algunas personas a la que antes había adelantado me las cruzo ahora de cara, bueno, sigo decidido a regresar cuanto antes a la parada de metro pero me dura poco, se avecina un tramo cuesta arriba y yo no pienso hacer exhibiciones para la galería en el estado de hambruna que me encontraba. Subo la cuestecilla más calmado y ahora sí elijo bien la avenida buena, bien, ya voy haciendo algo bien, claro, previo paso delante de los mismos tres repartidores de los diarios gratuitos, no gracias, no gracias, no gracias. 8.45 de la mañana.

Vale, ¡¡lo confieso!!, no quería ir, buscaba una excusa para no hacerme la analítica, pero que podía hacer, irme a casa? bien que me hubiera gustado, desayunar ya de una vez? irme a trabajar? claro que luego tendría que haber acusado enérgicamente a la clínica de perder mi expediente, ¡que falta de profesionalidad! pero no confiaba en que aguantase demasiado mi complot.

Paso delante de una cafetería y mi cuerpo se estremece ante al olor del café. Cuando paso a la altura de la puerta pienso en hacer un derrapaje de urgencia y entrar dentro, mi brazo izquierdo se levanta para abrir la puerta, ¡¡no!! rápidamente me guardo la mano en el bolsillo para evitar la tentación y sigo avanzando.

Varios metros más adelante otra cafetería. A ver hombre, a sí no puede uno ir por dios, babeando y con los jugos gástricos revolucionados. Me voy al borde de la acera, lo más lejos que puedo de la fachada de la cafetería, intento no mirar y acabo haciendo un minisprint para pasar de una vez el local.
Finalmente llego a la altura de la clínica, sí, la veo, en la acera de enfrente, pero no tengo paso de peatones, me pasé uno hace algunos metros y tengo otro a la vista hacia delante. Evalúo cruzar a lo banzai, pero son 4 carriles, 2 para cada sentido y mantengo mi postura de no hacer exhibiciones. Avanzo unos metros, cruzo la calle por el paso de peatones y entro en la clínica.

Me había imaginado que entraría en un autentico submundo degradado, donde la rapiña estaba a la orden del día y la piel humana se vendía barata, pero no, era una clínica pequeña, pero normal, aparentemente. ¿Estarían las bestias detrás de las puertas de sus salas? no me llegaba ningún olor que me identificara algo.
Relleno la ficha, me siento y espero el momento, me tiembla una pierna, ¡quieta! la sujeto con la mano. Mi estómago hace ruiditos que hacen ponerme más nervioso, glu, glu…, glooo, glooo…, gli, gli, gli, gliiiii…
Pienso que tengo una oportunidad de escapar si salgo como una flecha por la puerta, claro que seguro tienen sus guardaespaldas para evitar que nadie escape y encima me pegaran 2 palos.

Fulanito?…. fulanito? eeerrr…, ¡si! soy yo. Ale, al matadero, uan chu zri, aun chu zri…
Entro en la sala. Que extraño, la doctora tiene un hilito de sangre que le cae por un lado de la boca, sonríe, un par de manchas rojas en su bata blanca fijan ahora mi atención. ¿Será el logotipo de la clínica? parpadeo, no ahora no veo las manchas y debe de haberse limpiado la sangre de la boca, ya no la tiene. ¿Estaré alucinando? Me toma los datos y me realiza una serie de pruebas típicas. Me extraña que no haya aparecido ya el vampiro. Deben estar analizando a las mejores víctimas…

Estoy tumbado en la camilla, la doctora ha ido a buscar algo, vuelve y me dice,
¿estas bien de los oídos?
ein? – le digo yo
que si estás bien de los oídos? – me repite
Ah, si, si claro, perfectamente, ja,jaaaa y me empiezo a partir de risa, jaa,jaa….
¡gmmmuuuufffff!, el codazo que me mete la doctora en el estómago ha sido espectacular, ¿quien te ha dado permiso para reírte? ¡¡eh!! intento levantarme, pero me agarra del cuello y me vuelve a tumbar en la camilla, aaaaggggggg, no puedo respiraaaaaaaar…
Parpadeo, ¿que ha pasado?, uf, estoy bien, creo que me ha inyectado algún tipo de droga, me estarán usando de conejillo de indias y yo sin saberlo…, oigo algo, ah es la doctora, perdón? que ya puede salir, espere fuera a las pruebas complementarias, ein? ahora se llaman así? que majos…

A los cinco minutos me llaman de la otra sala. Ahora me dan la puntilla, fijo…
Pues es una vampira la que me toca. Empiezan las pruebas complementarias y llega el momento. Prepara la aguja, me ata el brazo con la goma, me mira de reojo, se lo piensa mejor, me sonríe y le veo los colmillos, ¡oh noooo! se abalanza a mi muñeca, me muerde, ¡¡aaaahhhggggg!! ¡¡me esta chupando la sangreeeeeeeeeeeeee…..!!
Parpadeo y todo está como antes, la vampira sigue preparando la jeringa. ¿Otra alucinación? a ver si es que me han fumigado con algún gas alucinógeno. ¡zas! la aguja entra en mi brazo y en una vena, ay ay ayyyyy debería quejarme pero la verdad es que no duele nada, tin tin tin tin…, los segundos pasan, tin, tin, tin…, venga, aleeeeee, venga ya, que debes llevar ya medio litro de sangre ¡por dios! sácame esa aguja de ahí.
Listo ya puede salir, puf, que alivio, me escapo por la puerta pitando no vaya a ser que se arrepientan y me repesquen. Miro hacia atrás y veo que la niebla no me sigue, ale, ahí te quedas.

Eso sí, tras un buen desayuno todo tiene otro color, el sol brilla espectacularmente, pero que remedio, tendré que regresar a la oficina a currar, je.

Las agujas, malditas o no, siempre me han provocado sensaciones que no puedo olvidar. Otro día contaré mis recuerdos, ja,ja

Salu2.

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6 comentarios leave one →
  1. 09.06.2006 19:08

    :-)
    No me puedo creer que a tu edad te montes tantos pitotes mentales para sacarte sangre!!! Pero tengo que decirte que me río mucho con tus onomatopeyas y escenificación textual. Es muy viva. Vamos como si te estuviera viendo (y doble mérito el tuyo porque no te conozco)…

    Yo tengo una salud muy delicada y de hecho, desde cani que tenía que hacerme pruebas cada dos por tres (no sólo de la cabeza), me tenían que inyectar tantas jeringas que yo misma decidí enfrentarme a mis vampiros…¡Oh, me van a sacar sangre? Qué bien!! me encanta!! me encanta que me saquen sangre!!! y toda falsa extendía mi bracito con una sorisa profident de oreja a oreja, y por dentro estaba muerta de miedo, y los médicos y mis padres siempre sonriendo (me pregunto que pensarían, se lo tragarían o no?) siempre fui muy rarita…pero desde luego, hay armas de defensa para todos los gustos!!

    Y ahora sí, ahora que no me sacan sangre con tanta frecuencia, tengo que decir, que me gusta, SÍ, me gusta que me saquen sangre; me encanta observar con detalle todo el proceso y cuanto más lento y largo mejor…

  2. segrra permalink*
    12.06.2006 09:29

    Sí, ja,ja, fijate a estas edades ya, ja,ja. Bueno, más que miedo es mal rollito. Lo que todavía no he entendido es porque te toman la tensión y el pulso después del pinchazo. Normalmente la tensión me sale bien, pero el pulso lo tengo aceleradísimo, ja,ja

  3. 19.06.2006 14:50

    Lo del pulso acelerado es por la enfermera. No mientas que te conozco… jejeje…

  4. 19.06.2006 15:08

    …por eso algunas personas nos tomamos el cafe completamente frio en la “primera cita” :)

    espero que pongas fotos de italia pronto.
    yo viaje ayer 1 hora y veinte minutos al Renacimiento y fue petrificante…

  5. 19.06.2006 15:40

    perdón. quise decir nos TOMÁBAmos.

  6. 20.06.2006 07:52

    Tranquila Warmae, puedes decir tomamos, que he vuelto a tomar café como un condenado. Sobre todo en Italia. Mmm!, qué rico!

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