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Max Schmeling, adiós a la leyenda

10.04.2005
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Max derriba a Joe.

Febrero del 2005, muerto a los 99 años, un campeón mundial, un héroe del deporte alemán, nacido en 1905 en Brandemburgo.
Entre 1930 y 1932 fue campeón del mundo de peso pesado.

Profesional desde los 24 años, en 1930 se ceñía el cinturón mundial ante el estadounidense Jack Sharkey, que fue descalificado en el 4º asalto por un golpe bajo.
Se casó con Anny Ondra, una de las actrices más glamurosas de la Alemania de los 30.

Tras varias defensas de su corona, la perdió “a los puntos” en 1932 en Long Island ante Sharkey. Los jueces dieron ganador por puntos al estadounidense tras los 15 asaltos reglamentados cuando el alemán “había boxeado mucho mejor que Jack, infringiendo un terrible castigo”, según los cronistas de la época.

Pero vamos al momento legendario.
El combate en 1936 ante ‘el negro’ Joe Louis, el ‘Bombardero de Detroit’, la esperanza para derrotar al blanco, en pleno auge del nazismo.

El Yankee Stadium de Nueva York presenció un combate muy duro dónde Schmeling aguantó las terribles embestidas de Joe, hasta que, aprovechando una fisura en su guardia pudo sorprenderle, abrir su defensa y derribarle para a la siguiente oportunidad dejarle KO en el 12º asalto.
Fue el primero en derrotar al mejor Louis, imbatible hasta entonces.

Los nazis trataron de utilizar a Schmelling como un símbolo de la superioridad de la raza aria, pero él iba por otros derroteros.
Resistió al régimen y con su prestigio e influencia ayudó a esconder judíos en su casa y salvó a algunos de los campos de concentración. Incluso pidió al F�rher que protegiese a los estadounidenses en los JJOO de Berlín del 36.
Fue apodado despectivamente por los estadounidenses de la época como el ‘Perro Nazi’

Mientras Joe Louis consiguió batir a Jim Braddock y proclamarse campeón del mundo. Cuando le preguntaron si ya lo había conseguido todo a sus 23 años dijo: “No, tengo que vencer a Schmeling, mientras no lo haga no seré el verdadero campeón” Una espina clavada y ambos querían ese combate.

La revancha llegó en 1938, en una segunda pelea contra Joe Louis, ahora sí, por el título mundial.
Perdió por KO en el primer asalto.
70.000 espectadores clamando venganza en el Yankee Stadium. Un combate político y mucha presión psicológica.
Quizás las presiones externas pudieron con Max…, aunque su rival no era manco.
Roosevelt dijo a Louis: “Joe, necesitamos músculos como los suyos para derrotar a Alemania. Recuerda que cuando una causa es justa un americano nunca pierde”.

Visto y no visto, apenas unos parpadeos.
Louis, salvaje como nunca, comenzó con un golpe a los riñones, golpe ilegal en Europa, tiró tres veces a la lona al alemán en un primer asalto colérico, que terminó a los 2 minutos con un Schmeling fulminado y sin sentido.
Y un Hitler mordiéndose la lengua.

Max salió con tres vértebras del cuello fracturadas y fue casi crucificado con un arnés de hierro para inmovilizarle en la cama de un hospital durante varios meses. Louis se acercó a verle y Max le aseguró que no era verdad eso que decían de él. Louis ya lo sabía. Se prometieron un desquite que nunca llegó.
En su regreso a Alemania recibió un frío helador. Ahora en lugar de un descapotable, le esperaba una ambulancia, ningún representante político ni del pueblo llano, sólo su querida Anny.

Joe años después dijo que fue la única pelea en su vida en la que golpeó a alguien con el odio a flor de piel. Max casi era feliz de haber perdido aquella pelea. Si huera regresado a Alemania victorioso los nazis le hubieran dado una medalla. Y al terminar la guerra temía ser considerado un “criminal de guerra”.

Tras la derrota, los nazis alistaron a Schmeling como paracaidista para la guerra. Al saltar sobre Creta (Grecia) se partió ambos meniscos y sufrió una grave lesión de espalda. Sorprendentemente sobrevivió y por ello tuvo que ser condecorado como héroe de guerra. Que curioso. El campeón dentro y fuera del ring.

Malos tiempos para Max. Con los ahorros que hizo con sus puños se compró un terrenito para salir adelante, pero después de la segunda guerra mundial, los rusos se lo quitaron. Malvivió en Alemania siempre junto a Anny.
Quiso volver a ser grande, pero los años no perdonan. Tras varios combates colgó los guantes definitivamente en 1948, con 43 años y 70 peleas (56 victorias, 36 por KO).

Con el dinero conseguido en esta última y triste etapa boxística se compró una vieja granja y se dedicó a la cría de visones, que le daba lo justo para vivir y feliz.
Una estrella brilló y alguien se acordó de él. La visita le ofreció ser la imagen de Coca-Cola para Europa y Latinoamérica. Sueldo fijo y estabilidad, para contrarrestar los palos recibidos.

Estos dos colosos, Max y Joe, fuera del ring forjaron una estrecha amistad para siempre.

Volvió a Estados Unidos y busco a su “enemigo” Louis, ya retirado y que danzaba en declive de club en club. Recordaron sus combates y el desquite prometido.
Max ayudó a un mito negro arruinado y olvidado, incluso pagó parte de su funeral en 1981.

En 1987 la prensa especializada eligió a Schmeling como el deportista alemán más importante de todos los tiempos. En ese mismo año murió su esposa Anny tras 54 años de casados. El 28/09/2004 cumplió 99 años.


Joe derriba a Max.

El boxeo esta lleno de historias tristes.

Salu2.

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